La cátedra de Salud Cerebral y Cognitiva de la Fundación ASISA y la universidad de Málaga celebran una jornada científica en la sede de la RANME.

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Cómo subtítulo el nombre de la jornada: actualización en salud cerebral y cognitiva.

Madrid, 9 de octubre de 2026. La Cátedra de la Fundación ASISA de Salud Cerebral y Cognitiva de la Universidad de Málaga celebró ayer en la Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME) la I Jornada de Actualización en Salud Cerebral y Cognitiva, un acto presentado por el Prof. Antonio Campos, vicepresidente de la RANME, la Dra. María Tormo, directora de Planificación y Desarrollo de ASISA, y el Dr. J. Pablo Lara, director de la cátedra.

La Dra. Tormo defendió la creación de esta cátedra porque “se enraíza en nuestros valores: el apoyo al desarrollo del conocimiento y basada en una triple responsabilidad, la investigación, la actividad docente y la divulgación”. Por su parte, el Dr. Lara explicó las distintas acciones englobadas en la cátedra y señaló: “La ciencia nos ayuda a conocer nuestro cerebro; las humanidades nos ayudan también a comprender la experiencia de vivir. Nuestra cátedra quiere mantener abiertas ambas miradas y ponerlas al servicio de las personas”.

El Dr. Lara también obsequió a la Academia y a la Fundación ASISA con una representación de La Farola de Málaga, “el único faro de la Península con nombre femenino, que brilla desde 1817 iluminando, orientando y ofreciendo una referencia para encontrar el rumbo, mostrando un paralelismo con el propósito de estas instituciones”, recalcó.

A continuación, se otorgó el III Premio Nacional a la mejor Tesis Doctoral en Salud Cerebral y Cognitiva a la Dra. Marta Garo Pascual, por su tesis Estructura Cerebral y Perfil Fenotípico de los Superagers. La Dra. Garo pertenece al Programa de Doctorado en Neurociencia de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid, Laboratorio de Neurociencia Clínica, CTB-UPM, Centro Alzheimer Fundación Reina Sofía y Fundación CIEN. Su tesis fue dirigida por los Dres. Bryan A. Strange y Javier de Felipe Oroquieta.

La Dra. Garo recogió su galardón y abordó su trabajo: ¿Por qué algunas personas de 80 años conservan una memoria comparable a la de personas de 50? El estudio se centró en las características cerebrales y los hábitos de vida de los llamados superagers, personas mayores de 80 años que mantienen una memoria extraordinaria. La investigación, desarrollada a partir del Proyecto Vallecas, que reunió a 1.213 participantes de entre 70 y 85 años, comparó específicamente a 64 superagers con 55 mayores con una memoria normal para su edad.

“Los resultados revelaron que los superagers presentan una mayor resistencia al deterioro cerebral asociado al envejecimiento, especialmente en regiones relacionadas con la memoria, y una mejor conservación de determinadas conexiones cerebrales. Además, destacaron por una mejor salud mental, mayor agilidad física y menos síntomas de ansiedad y depresión”, explicó la Dra. Garo. “El hallazgo más relevante es que envejecer no implica necesariamente perder la memoria, y estudiar a estas personas podría ayudar a comprender cómo preservar la salud cerebral durante más años”, concluyó.

A continuación, se abrió una mesa de ponencias protagonizada por miembros de la RANME. En primer lugar, el Prof. Campos, académico de número de Histología, abordó los desafíos médicos y éticos de la ingeniería tisular, una tecnología que permite crear tejidos artificiales para reparar partes dañadas del organismo. “Su aplicación al sistema nervioso central plantea importantes interrogantes, ya que podría afectar, según la localización, a la memoria, las emociones o la identidad personal”, aseguró. Por ello, destacó, “es necesario proteger los denominados neuroderechos, especialmente la libertad cognitiva y la identidad de los pacientes”.

Por su parte, el Prof. José A. Obeso, académico de número de Neurología, manifestó que el deterioro cognitivo no siempre es irreversible: “algunas personas con deterioro cognitivo ligero pueden recuperar un funcionamiento normal si modifican sus hábitos de vida”. También advirtió de que la pérdida de audición es un factor de riesgo de demencia. Entre las medidas para proteger el cerebro, subrayó el ejercicio físico, el control de los factores de riesgo cardiovascular y prácticas como el yoga, que podrían favorecer la salud cerebral.

La Prof.ª María Trinidad Herrero, académica de número de Anatomía, explicó que el intestino y el cerebro mantienen una comunicación constante y bidireccional. “La microbiota intestinal, formada por millones de microorganismos, puede influir en nuestro estado de ánimo y nuestra salud mental. Su alteración podría contribuir a trastornos relacionados con el estrés y enfermedades neurológicas”, recordó. Además, hizo hincapié en que la alimentación desempeña un papel importante en el desarrollo cerebral y que la microbiota cambia durante toda nuestra vida, desde la infancia hasta la vejez.

Por último, el Prof. Benedicto Crespo-Facorro, académico de número de Psiquiatría, puso de relieve que hacer ejercicio puede beneficiar al cerebro, pero no basta con recomendar actividad física de forma genérica: “es fundamental investigar qué tipo de ejercicio resulta más eficaz, durante cuánto tiempo, con qué intensidad y para qué personas”. También matizó que los músculos liberan sustancias capaces de influir en el funcionamiento cerebral. “El gran desafío científico es demostrar estos mecanismos en humanos y establecer recomendaciones personalizadas que ayuden a preservar la salud cerebral”, concluyó.